Tenía hambre. Ese hambre densa, de comida sabrosa y
calentita. Había almorzado una especie de spaghetti con salsa con salchichas.
Abrimos la heladera, miramos la alacena; los canastos.
*Una suprema de pollo fría.
*Un puchito de coliflor hervida.
*Unas hojas de acelga hervida.
*Arroz.
Ahí recuerdo que alguna vez me hablaron sobre el Risotto,
que en sí es una cocción distinta del arroz. ¿Por qué no probé su consistencia
cuando mi compañero de trabajo quiso hacérmelo probar? Me vendría bien ahora…
No. Nunca hice Risotto. Yo al arroz lo hiervo.
Probemos qué onda. Pongo el arroz en la olla, le voy echando
agua de a poquito.
En la mitad del proceso le hecho el coliflor. No porque sepa
que estoy haciendo, sino de impaciente. Ahí va también la suprema cortada en
pedacitos.
Le voy echando más agua, parece estar funcionando.
Sal, pimienta. Pimentón dulce, ¿por qué no? Ajo
deshidratado.
Dudo sobre si ponerle acelga. Gana el sí.
Agrego un toque de sal porque le falta. El arroz aún tiene
ese centrito durito que se vuelve arenoso cuando lo mordés.
Más agua. En total,
fueron 3 tazas.
Apago el fuego, que estuvo siempre moderado. Lo tapo y me
voy a jugar un solitario.
Vuelvo, y chupó bastante agua. No quedó como debería el
Risotto, creo, pero se parece al arroz con caldito de mi vieja, así que mal no
puede estar.
La verdad que el arroz, pollo, coliflor y pimentón, es una
combinación que repetiría.
Conforme. Me voy a comer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario